La primera vez
 

Esto que sigue es una larga explicación que puede resumirse en un concepto breve: “el síndrome de la primera vez”.
Son tantas las cosas que tenés que hacer sola por primera vez a partir del momento en que te toca o decidís vivir sola… Muy específicamente si pertenecés a las mujeres que nunca vivieron por su propia cuenta y no están entrenadas; mujeres que se encuentran de pronto, después de mucho tiempo de estar casadas o acompañadas… viviendo solas.
En ese momento aparecen situaciones tan elementales como tener que poner a funcionar el lavarropas nuevo; o planchar (porque lo hacía tu mamá); o lavar el piso y cocinar (porque lo hacía la empleada que ahora no tenés); o hacer la cama (porque él tenía un montón de defectos pero le gustaba hacer la cama). O desarmar un velador para cambiar una bombita de luz que te deja sin poder leer en la cama justo cuando estás enganchada en la novela; o abrir una lata de las que se atascan o una botella de vino con mal corcho. Todo por primera vez.
Esto y más sucede en el frente interno; es decir solamente con vos misma.
Todo lo que se va a presentar en el frente externo es un poco más complicado.

 
Vivir sola… tendría que ser una fiesta.
 

Está claro que esto pasa porque sale en el diario, se habla en el barrio, lo saben tus amigas y lo sabés vos porque vivís sola: cada vez es más grande el número de personas, de ambos sexos por si hace falta aclararlo, que viven solas.
También es un hecho de la realidad que, como en casi todo lo que sucede, en esto también hay más mujeres que hombres en esa situación. No vamos a entrar en disquisiciones sobre el diez por ciento más de mujeres que de hombres que hay en Buenos Aires según el padrón y alguna estadística más o menos confiable. No es eso lo que nos interesa porque la cuestión, de tan amplia, es global y trasciende casi todas las fronteras. Pero sí queremos saber por qué todavía la situación vivirsola trae una carga de desgracia, malhumor, estigma. Como si una no pudiera decidir vivirsolaporqueselecanta. Y disfrutarlo. Y conocer claramente la diferencia entre vivir sola (que habitualmente contiene una alta dosis de comodidad y alivio) y sentirse sola (que es una de las maneras de masoquearnos que tenemos más a mano las mujeres). La sociedad cambió, la familia tradicional parece estar en vías de extinción y lo mejor que podemos hacer (salvo que nos encante luchar contra molinos de viento, algo que también puede ser una opción considerable) es tratar de adaptarnos y de ver el aspecto positivo de este panorama. ¿Es tan fácil olvidar los largos años de criar bebés sin dormir, los de comer de parada por los horarios escolares, los de buscar de fiestas a adolescentes de horarios imposibles, los de preparar casamientos de hijos como para no poder disfrutar del tiempo para una misma? ¿Qué nos pasa todavía que logramos sentirnos culpables por disfrutar de estar en casa sin que alguien nos hable, nos pida, nos exija o sugiera algo?Si te tocó o elegiste vivirsola, para vos es este lugar. Y aquí esperamos tus comentarios, tus mensajes o los trucos que encontraste para que tu vivirsola sea el mejor del mundo.

 
   
   
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